¿No sabes qué vino gallego probar?
No hace falta conocer las cinco Denominaciones de Origen para encontrar tu vino gallego. Parte de lo que ya sabes que te gusta y sigue la recomendación.
Recomendaciones según tus gustos
Si te gustan los vinos frescos y con mucha acidez
Albariño de Rías Baixas
Es el vino gallego con la acidez más viva y directa, con ese punto salino y mineral tan característico. Sírvelo bien frío y pruébalo con marisco.
Si te gustan los vinos muy aromáticos y florales
Loureira, sola o en mezcla con Albariño
Es la uva gallega más perfumada, con notas florales muy marcadas. Búscala en mezclas de Rías Baixas o Ribeiro, o en alguna de las pocas versiones monovarietales.
Si te gustan los blancos con más cuerpo y untuosidad
Godello de Valdeorras
Tiene más peso en boca que el Albariño, con un fondo mineral que viene de los suelos de pizarra. Es también la variedad blanca gallega con más capacidad de guarda.
Si prefieres tintos ligeros y fáciles de beber
Mencía de Ribeira Sacra
Cuerpo medio, taninos suaves y mucha fruta roja fresca. Es la puerta de entrada perfecta a los tintos gallegos, muy distinta a un tinto potente de otras regiones.
Si buscas algo diferente y poco habitual
Caíño Tinto o Brancellao
Son variedades minoritarias y de cultivo difícil, con perfiles muy singulares: acidez muy marcada en el Caíño Tinto, color pálido y aromática compleja en el Brancellao. Ideales si ya conoces el Albariño y el Godello y quieres explorar.
Si te gusta el vino con crianza y notas tostadas
Godello con fermentación o crianza en barrica
Su cuerpo y estructura le permiten convivir bien con la madera, algo poco habitual en los blancos gallegos, casi siempre pensados para beberse jóvenes. Busca en etiqueta menciones a "barrica" o "fermentado en barrica".
Cómo servirlo para que sepa a lo que tiene que saber
La temperatura cambia más el sabor de un vino de lo que suele pensarse, y en los vinos gallegos —donde casi todo se apoya en la frescura y el aroma— la diferencia es especialmente evidente.
- Blancos jóvenes (Albariño, Loureira, mezclas del Ribeiro)
- Entre 8 y 10 °C. Lo justo para que la acidez y los aromas se noten frescos, pero sin congelarlos: por debajo de 6 °C el frío anestesia el paladar y el vino pierde precisamente lo que lo hace interesante.
- Blancos con más cuerpo (Godello, crianza sobre lías o barrica)
- Entre 10 y 12 °C. Necesitan un par de grados más que un Albariño joven para que la untuosidad y las notas más maduras se abran en la copa.
- Tintos gallegos (Mencía, Brancellao, Merenzao)
- Entre 13 y 16 °C, por debajo de lo que se suele llamar "temperatura ambiente". Son tintos ligeros y frescos: servidos demasiado templados pierden fruta y el alcohol se hace más evidente. Un rato en la nevera antes de abrirlos suele venir bien.
- La copa
- Una copa de vino blanco corriente sirve perfectamente. Lo importante es que tenga algo de panza para poder mover el vino y que se estreche arriba, para que los aromas se concentren. Llénala como mucho hasta un tercio.
- Una vez abierta la botella
- Tapada y en la nevera, un blanco gallego aguanta bien dos o tres días, aunque irá perdiendo aroma. Los tintos ligeros como la Mencía se comportan de forma parecida. No hace falta decantar ninguno de estos vinos.
Cómo catar un vino paso a paso
Catar no es un ritual para entendidos: es simplemente prestar atención en un orden concreto, porque cada paso saca a la luz algo que en el anterior no se percibía. Con estos seis pasos y cinco minutos sacarás mucho más de una copa que bebiéndola sin más.
Míralo
Inclina un poco la copa sobre un fondo claro y fíjate en el color. En los blancos gallegos, los reflejos verdosos suelen indicar juventud —típicos del Albariño—, mientras que un amarillo más dorado apunta a más cuerpo o paso por madera, como en el Godello. Los tintos de Mencía llaman la atención por lo contrario: un cereza vivo y poco profundo, nada que ver con la opacidad de un tinto de clima cálido.
Huélelo sin moverlo
Antes de agitar nada, acerca la nariz y respira con normalidad. En reposo solo se han evaporado los compuestos más volátiles y delicados, así que esta primera nariz es la que mejor recoge los aromas más finos: la parte floral y cítrica de una Loureira o de un Albariño se aprecia especialmente bien aquí.
Agita la copa
Apoya la base en la mesa y haz girar el vino en círculos pequeños; es mucho más fácil que en el aire y evita accidentes. Al mojar las paredes de la copa aumentas la superficie en contacto con el aire, y esa evaporación arrastra compuestos aromáticos más pesados que en reposo no llegaban a salir.
Huélelo otra vez
Vuelve a oler y compara con la primera vez. Lo normal es que ahora el aroma sea más intenso y algo distinto: aparecen la fruta madura, las notas minerales o las tostadas de un vino con barrica. No busques acertar con un nombre concreto; basta con notar que ha cambiado y decidir si te gusta más o menos que antes.
Pruébalo y paséalo por la boca
Da un trago pequeño y déjalo moverse unos segundos en lugar de tragarlo directamente. La acidez la reconoces porque te hace salivar en los laterales de la lengua; el cuerpo, por el peso y la textura que deja; y en los tintos, el tanino por esa sequedad ligera en las encías. En los tintos gallegos ese tanino es suave, así que si esperabas aspereza, no la vas a encontrar.
Fíjate en el final
Después de tragar, cuenta mentalmente cuánto dura el sabor. Esa persistencia es uno de los rasgos que más distingue a un vino de otro, y en el caso de un buen Albariño es justo ahí, al final, donde aparece el punto salino que lo hace tan reconocible.
Un apunte sobre las llamadas lágrimas de la copa, esos regueros que caen por las paredes al agitar: indican sobre todo el contenido de alcohol y la untuosidad del vino, no su calidad. Un vino excelente puede dejar muy poca lágrima.
Cómo leer una etiqueta gallega
Una etiqueta da mucha información si se sabe dónde mirar. Estos son los datos que más te van a servir delante de una estantería.
- Denominación de Origen
- Indica la zona y el reglamento al que se acoge el vino: Rías Baixas, Ribeiro, Ribeira Sacra, Valdeorras o Monterrei. Es la pista más rápida sobre el estilo que puedes esperar.
- Subzona
- Tres denominaciones se dividen en subzonas con carácter propio: Val do Salnés o O Rosal en Rías Baixas, Amandi o Chantada en Ribeira Sacra, y las dos de Monterrei. En Rías Baixas, además, el nombre de la subzona en la etiqueta implica variedades mínimas concretas.
- El nombre de la uva
- Cuando la etiqueta destaca una variedad —Albariño, Godello, Mencía—, el vino se elabora mayoritariamente o en su totalidad con ella. Si no aparece ninguna, es probable que sea una mezcla, algo habitual y tradicional en el Ribeiro.
- Barrica, crianza, sobre lías
- Señalan que el vino ha pasado un tiempo en madera o en contacto con las lías de la fermentación. Se traduce en más cuerpo y en notas tostadas o cremosas, frente al perfil directamente frutal de un vino joven.
- La añada
- El año de la vendimia. En blancos gallegos jóvenes, que se elaboran para beberse pronto, suele interesar la añada más reciente disponible.